Hacia un nuevo entendimiento de las técnicas corporales – II

 

Estamos inmersos en una cultura que rinde un culto al cuerpo unilateral y desmesurado, vivimos con una necesidad creada por otros, son tantos los estímulos externos que la mente termina acostumbrándose  a ellos, dificultando salir de ese bloqueo mental.

Aparatos de “Hágalo usted mismo” en 5 minutos, videos,  maquinas biónicas, cursos por internet y un largo etcétera, y gracias a un marketing sofisticado terminan por convencernos de que la solución está fuera de nosotros. Todo esto, en síntesis, suelo llamarlo muletas innecesarias,  son las vedettes de este siglo, cuando en realidad la máquina perfecta somos nosotros mismos, llevando todo en nuestro interior como un diamante en bruto.

El sistema nervioso central dirige nuestros músculos, en consecuencia nuestra mente está integrando todos nuestros movimientos, en todos sus niveles de conciencia.  La historia de nuestra vida está inscrita en nuestro cuerpo, somos una unidad indivisible, por ello,  todo lo que hagamos con nuestro cuerpo repercutirá en nuestra mente – y viceversa. Nuestro cuerpo es como un mapamundi que vamos descubriendo y redescubriendo permanentemente. Un mismo sitio de nuestro cuerpo podemos focalizarlo desde un ángulo diferente en cada clase, alejándonos de un sitio en particular, yendo de un extremo al otro, acercándonos al centro de alguna articulación, relacionándola otros sitios del cuerpo – el juego y la composición corporal es ilimitada.

Muchas veces buscamos en los ejercicios efectos inmediatos a través del sobreesfuerzo. Es muy común escuchar, fulano adelgazó 5 kilos en quince días o mengano endureció sus pectorales en un mes. En mis clases siempre algún alumno que me pide una tabla de ejercicios con tiempos establecidos, cuando en realidad somos seres cambiantes y la variedad y las posibilidades de los ejercicios son interminables. Cada clase que imparto, se aborda desde lo corporal, desde una biomecánica bien aplicada, ya que el movimiento es el enfoque más importante que da unidad a nuestro ser y no sólo necesita  ser dirigido adecuadamente, sino también ejecutado de acuerdo a nuestros patrones y limites de movimiento individuales.

Ejecutar bien funciones básicas, como estar de pie, andar, levantar un peso o realizar cualquier movimiento de la vida cotidiana implicando sólo las partes necesarias de nuestra musculatura, es uno de los mayores desafíos que se plantean en cada clase. El cuerpo y la mente tienden a agarrarse de lo que tienen más a mano, que justamente NO suele ser lo que nos beneficia, esa supuesta comodidad con el tiempo la pagaremos con dolores crónicos o patologías que aparecen cuando muchas veces ya es demasiado tarde revertirlas.

Te propongo el siguiente ejercicio:

  1. Desde una posición cómoda, cierra tus ojos y piensa en los húmeros de tus brazos, primero rótalos hacia dentro y luego hacia fuera.
  2. Vuelve a realizar el mismo ejercicio intentando relajar toda la musculatura que rodea a las articulaciones de tus hombros. Trata de percibir si este movimiento ejerce algún otro cambio en el resto de tu cuerpo. En especial trata de relajar tus hombros, aplicando la fuerza del tríceps como continuidad de la rotación del húmero.
  3. Ahora, pon la mano en tu hombro derecho para desafectarlo, haz lo mismo con el otro hombro. Trata de aplicar rotación y proyección a tu brazo, sin que intervenga la tensión de tus deltoides.

La rotación externa de nuestro brazo proporcionará una mayor congruencia a la articulación del hombro y mayor estabilidad a nuestras extremidades superiores a la hora de ejecutar movimientos de cualquier tipo, sobre todo de carga. Este simple ejercicio seria un acercamiento a la correcta aplicación biomecánica del movimiento de nuestro brazo.

Aplicando esta técnica a otras áreas de nuestro cuerpo iremos tejiendo una red de autoconocimiento y conciencia corporal,  es solo una cuestión de paciencia detectar esas comunicaciones entre mente y cuerpo y luego activarlas gracias a la constancia. Daremos mayor proyección, estabilidad y fuerza a nuestros músculos, algo que nos beneficiará tanto en cualquier disciplina deportiva de alto rendimiento como en una acción tan cotidiana como levantar una maceta del suelo.

El ejercicio corporal es salud, siempre y cuando respetemos la conexión mente-cuerpo y nos permitamos tomar conciencia. El cansancio mental, más que físico, al finalizar la clase, nos indicará que vamos por el buen camino. Poco a poco, con la práctica, el pensar y su ejecución se irá armonizando. No estamos habituados a irnos de una clase de trabajo corporal con cansancio mental, creemos que no hemos hecho nada, cuando en realidad estamos reactivando la conexión mente-cuerpo-mente cuyo buen funcionamiento nos proporcionará un bienestar no limitado a ciertas partes del cuerpo y sobre todo una vejez digna.

La rotación externa de nuestro brazo proporcionará una mayor congruencia a la articulación del hombro y mayor estabilidad a nuestras extremidades superiores a la hora de ejecutar movimientos de cualquier tipo, sobre todo de carga. Este simple ejercicio seria un acercamiento a la correcta aplicación biomecánica del movimiento de nuestro brazo.

Aplicando esta técnica a otras áreas de nuestro cuerpo iremos tejiendo una red de autoconocimiento y conciencia corporal,  es solo una cuestión de paciencia detectar esas comunicaciones entre mente y cuerpo y luego activarlas gracias a la constancia. Daremos mayor proyección, estabilidad y fuerza a nuestros músculos, algo que nos beneficiará tanto en cualquier disciplina deportiva de alto rendimiento como en una acción tan cotidiana como levantar una maceta del suelo.

El ejercicio corporal es salud, siempre y cuando respetemos la conexión mente-cuerpo y nos permitamos tomar conciencia. El cansancio mental, más que físico, al finalizar la clase, nos indicará que vamos por el buen camino. Poco a poco, con la práctica, el pensar y su ejecución se irá armonizando. No estamos habituados a irnos de una clase de trabajo corporal con cansancio mental, creemos que no hemos hecho nada, cuando en realidad estamos reactivando la conexión mente-cuerpo-mente cuyo buen funcionamiento nos proporcionará un bienestar no limitado a ciertas partes del cuerpo y sobre todo una vejez digna.

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